Un paciente muere en el Hospital Virgen Macarena por supuesta negligencia médica

José Ignacio Vilaplana, el juez del Juzgado de Instrucción número 6 de Sevilla, ha ordenado investigar una posible actuación negligente de algún facultativo y auxiliar del Hospital Virgen Macarena por el fallecimiento de un paciente tras recibir una inyección de una enfermera.

La esposa del fallecido ha interpuesto una denuncia por delito de homicidio por imprudencia grave cuando el pasado 6 de septiembre el fallecido “habría recibido una inyección por parte de una enfermera -sin identificar- que habría determinado una reacción desencadenante del óbito”.

Por ello el magistrado ha ordenado a la Policía Judicial que practique diligencias “tendentes al total esclarecimiento de los hechos” denunciados y que identifiquen y tomen declaración a los facultativos y auxiliares del hospital que atendieron al finado J.L.C.C.

Las hijas del fallecido describen como a las 9:00 horas entró una enfermera en la habitación con dos jeringuillas sin etiquetar diciéndole a la mujer que una era para su marido y la otra era para un paciente que había fallecido.

Es entonces cuando la enfermera coge la jeringuilla y la pone en los pies de la cama, encima de la sábana. Mi madre, sin darse cuenta, se sienta en la cama y la jeringuilla se le viene hacia su pierna, apartándola de ella y pensando en la poca profesionalidad de la chica” detallan las hijas.

La mujer del fallecido preguntó a la enfermera qué era lo que le iba a inyectar a su esposo y la enfermera le dijo que un protector de estómago.

Tras esto, la enfermera inyectó “directamente” en la vía del brazo “tardando pocos segundos en su administración, cuando días atrás siempre había sido por el gotero. (…) Inmediatamente, mi padre empezó a gritar, tocándose el brazo en el que se le pone el inyectable, y diciendo “niña qué me has puesto, que me quema…”, tras lo que “cayó fulminante hacia detrás”, exponen.

Los familiares del finado han detallado que, tras escuchar la enfermera que le quemaba el brazo, “salió despavorida de la habitación sin auxiliarlo”, por lo que la mujer de J.L.C.C. y la esposa del otro paciente comenzaron a gritar pidiendo ayuda. Al momento entraron en la habitación los sanitarios, que acompañaron a los familiares a salir de la habitación, cerraron la puerta y en presencia del otro paciente “supuestamente” le practicaron la reanimación cardiopulmonar manual y con electrodos.

Las hijas del fallecido han detallado que, transcurridos 15 minutos, un médico y una doctora informaron a su madre del fallecimiento y le propusieron hacerle una autopsia al cuerpo, a lo que ella accedió “debido al estado de nerviosismo y shock en el que se encontraba y confiando en su profesionalidad”.

Tras 90 minutos del fallecimiento, un cirujano llamó a los familiares del finado y les comunicó que la muerte se había producido por una parada cardiorrespiratoria, “pudiendo ser la causa la no tolerancia del fármaco, del que van cambiando de marca con regularidad, y dejando entrever que la muerte había sido natural, aún sin tener idea de los resultados de la autopsia, ya que aún no se le había practicado”.

El juez pide a la Policía que recabe el informe de la autopsia del fallecido que “deberá incluir el resultado de los correspondientes exámenes histopatológicos, así como la relación de posibles vísceras y muestras biológicas” obtenidas de la autopsia practicada al fallecido, “con descripción de las mismas e indicación del medio/forma de conservación”.

El magistrado establece que los responsables del Macarena deben entregar a los agentes toda la información y documentación solicitada “a la mayor brevedad posible”, y advierte de la posibilidad de incurrir en un delito de desobediencia a la autoridad judicial.

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