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Los mommials petroleros, Navalón y Cebrián atacan a los millennials

Mommials tras tomar su ración de viagras mentales

En el diario, por llamarle de alguna manera, EL PAÍS, hay un personaje, que tiene historial y genética parecida a la del amo del cuento, Cebrián. No lo conocía, no es un tipo que haya hecho algo grande por la humanidad ni que haya escrito una obra maestra.

Los hechos conocidos de Antonio Navalón, que es como se llama el sujeto, se resumen en haber sido acusado de ser comisionista en el caso Argentia Trust, una de las patas del caso Banesto, junto a Diego Selva, por lo cual le sirvió de imputación por falso testimonio, cohecho, tráfico de influencias y prevaricación.

Casi nada, todo un referente del ser humano, hombre del Renacimiento y gran altruista, se atreve a dar lecciones a los millenials, a los que trata de una forma despectiva, agresiva y paternalista.

Este gran padre de la Ciencia, fue acusado por Mario Conde, otro Gran Padre Capadocio, de haber recibido 600 millones de las antiguas pesetas para lograr exenciones fiscales con las que crear Corporación Banesto en 1990. Este personaje, fue absuelto, mientras que Conde fue a la cárcel.

Este luchador por la democracia, y proyecto de antropólogo, acusa a los jóvenes de la elección de Trump, obviando que gente como él forma parte de la generación que domina EEUU, con turbios contratos petroleros y empresas de armas, donde estaba nadando Hillary Clinton.

Los jóvenes votaron a Clinton más que a Trump, porque no les quedaba otra cosa, ya que el partido demócrata había dado un ‘golpe’ para cargarse a Berny Sanders. Cosas de los Padres Capadocios, que habitan en diversos lares de este mundo milenario. 

Navalon era accionista de Star Petroleum, donde también estaba Juan Luis Cebrián y cuyo dueño, Massoud Zandi, había intentado invertir en Sudán del Sur aprovechando la guerra civil donde morían a miles niños. Esa guerra estaba promovida por los mismos que controlan las armas y el petróleo en EEUU, auténticos mommials.

Qué grandes amistades y compañías tiene este prócer del humanismo. Navalón es empresario y columnista del diario antiguamente conocido como ‘progresista’, herramienta bipartidista de conjuradores de todo tipo y condición. El columnista facilitó que Roberto Ramos, un empresario mexicano, invirtiera 100 millones en el GRUPO PRISA, esa gran familia empresarial y quizás por eso pueda soltar ahí todas sus frustraciones de vez en cuando.

El gran hombre del anterior y el presente milenio, duda de si los jóvenes han crecido en “los valores del civismo y la responsabilidad”; los acusa de ser indiferentes y llega a decir: Me encantaría conocer una sola idea millennial”. De hecho lo adorna con “parecen más bien un software de última generación que seres humanos”.

Este jornalero, minero y trabajador emigrante, por las quejilas, ataca a la generación mejor formada de la historia a los que se les condena a emigrar o a ser los nuevos esclavos, que trabajan para sobrevivir explotados, de gente como él o sus amigotes. Les acusa de no escuchar, y casi de ser un producto del “eslabón perdido” del “ser humano” y duda si “quieren pertenecer a la condición humana” y de ser autistas.

No sé que habrá consumido este filósofo momificado, o si un milennial le habrá robado la novia, porque se ha lucido, vaya nota. Supongo que EL PAÍS, le ascenderá de empleo y sueldo, en su estrategia de autodestrucción abrazando a Don Mariano y sus secuaces ‘susanistas’.

No sé si habría que esperar la llegada de un meteorito para que semejantes fantasmas del pasado se callen un ratito y dejen de dar lecciones de ejemplaridad, viniendo de tremendos figuras.

Los mommials, lumbreras en su concepción de sí mismos, fenómenos que envidian la juventud y atacan a la generación más informada de la historia, son rencorosos consumidores de pastillas azules. Ellos no jugaron durante horas a pegarle balonazos a una pared, ni a meter petardos en las naranjas podridas, ellos desde chicos, se codeaban con Platón, Descartes o Kant.

Luego debieron equivocarse en algún momento, en su ascendente vida ejemplar y espiritual, en su búsqueda heroica de la condición humana, para acabar vinculados a negocios petroleros y niños muertos en Sudán.

Algo debió fallar en los Mommials que ya no tiene solución, y no lo pueden solucionar ni con Viagras intelectuales. Algo pasa con estos seres milenarios, pertenecientes a 6 o 7 milenios, que no pueden escuchar el latido del mundo desde sus tumbas.

El mundo cambia y vive, pero el sonido de sus pasos no traspasa los millones de kilos de piedra construidos sobre la inteligencia de los mommials, sobre sus pasillos oscuros, sus enigmáticas cámaras y sarcófagos, donde hay ácaros más modernos y listos que ellos.

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