Sin eufemismos

Juego de Mustios, Chuchana Lannister planea una nueva guerra

Capítulo XI, la Gran Bruja del Sur ve amenazado su trono dorado y conjura para seguir explotando a sus esclavos

El cielo plomizo descargaba una leve lluvia que caía sobre las cenizas del Reino de Chuchana Lannister, la Bruja del Sur. En el Palacio de San Muermo, su rico palacio hecho con el dinero saqueado a los tiesos, la Dama Negra de Tiesaduría, Avecrenia del Sur, caminaba inquieta por una de sus enormes salas decorada con enchufes de oro.
En un banquito muy chiquitito se sentaba Ber Ónika EREz, la Máxima Mediocridad del PSUSA, el clan saqueador que apoyaba a Chuchana Lannister.
Chuchana la miró y le preguntó:

– Amiguita bruja, ¿No nos quedan esclavos a los que explotar? Y nuestros campesinos ¿No podemos robarles más?

La Máxima Mediocridad levantó la mirada y luego la bajó asustada porque conocía la mala leche que gastaba Chuchana cuando oía malas noticias. No dijo nada.

Chuchana se acercó con su traje negro hecho con plumas de cuervos hacia la ventana y vio una tierra yerma con algunas casuchas incendiadas.

– Máxima Mediocridad no me hagas esperar, ¿Qué dicen los mensajeros?

La pequeña personita, muy rica desde chiquitita cuando fue admitida en el clan ladrón del PSUSA, se armó de valor y dijo en voz baja.

– Se está escapando a la alianza entre los guerrilleros morados de Morena Rodríguez y a la Torre de los Magos Rojos, que dirige Antonino el Sabio, líder de Sinistra Unida.

Chuchana miró uno de los grandes enchufes de oro de su salón situado junto a grandes velas negras, estaba manchado de cáscaras de gambas. Se le abrieron mucho los ojos y se giró hacia su pequeña esbirra.

– ¡¡Soy Chuchana Lánistre, la más mala de mitierramigente!!

Ber Ónika EREz se encogió, se hizo más chiquitita aún y finalmente desapareció.

A Chuchana no le sorprendió, puso su mano sobre la llama de uno de los velones negros sin que le quemara sus largos dedos llenos de anillo negros mientras decía en voz baja.

– Solo puedo pensar en mi culo y en comer roscos de reyes cada día. Debo seguir robando para alimentar a mis forajidos, para que no les falte de ná. Volveremos a apretar a los tiesos para que decidan a qué bando siguen y como no me apoyen, probesito…

La puerta del salón se abrió chocando contra un velón negro que cayó creando un incendio y apareció Jon Conejo, su lugarteniente Lumbreras, con una trompa que apenas se sostenía en pie. Llevaba colillas que fumaba compulsivamente y un cartón de vinate malo que bebía a grande tragos.

Chuchana lo miró y sonrió, podía confiar en él.

– Jon, dile al clan naranja del Juan Peluquín, el caballero pagafanta, que no vamos a darles nunca nada y que vamos a seguir riéndonos en su cara, como siempre. A ver si se enfadan y vamos a la guerra. Necesito ganar antes de que Don Mariano de Isengard convoque a los campesinos de Avecrenia a una nueva guerra. Mis enchufados deben seguir comiendo gambas o podrían incluso alzarse contra mí; y los entiendo, la traición es nuestro lema, la gamba nuestro alimento y el Enchufe Dorado nuestro Dios.

Jon Conejo, su primer lugarteniente, jefe de los Lumbreras, la guardia pretoriana de Chuchana Lannister, se dio la vuelta rápidamente cayendo por unas escaleras doradas gritando de dolor. Se levantó ciego y saltó sobre su caballo que encontró por suerte en un pasillo. Conejo espoleó su caballo con dientes de acero y cabalgó fuera del Palacio de San Muermo, por tierras quemadas donde vagaban los esclavos y famélicos campesinos de Avecrenia del Sur. Se dirigía al Castillo Pijo Naranja, sede de los estirados caballeritos naranjas y Mansión de Juan Peluquín, el último Bufón Real de la Bruja Negra.
En una ventana del Palacio de San Muermo, Chuchana Lannister estaba retorciendo cuellos de pollos, lo hacía para canalizar su ira, que era siempre mucha mientras susurraba:

– Pédrogorn, hijo de Árathorn, te voy a poner unas velas negras…

Continuará

Anterior capítulo de la Saga Juego de Mustios: 

Chuchana, derrotada, huye con los ‘Lumbreras’ a Tiesaduría, Avecrenia del Sur

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